Por: Paula Andrea Gonzalez Ruiz
Nutricionista Dietista
Programa Alimentos para todos.
Nutrirse es un acto que transversaliza completamente la existencia y da garantía de la supervivencia. Este proceso inicia desde la concepción, el cuerpo necesita de los nutrientes para poder formar de manera exitosa cada uno de los órganos y conseguir el crecimiento requerido, es por esta razón que la madre que se encuentra en gestación de su bebé debe buscar dar garantía a unas características que posibiliten el aporte de los nutrientes necesarios para la formación de esa nueva vida.
Pero desde este temprano comienzo es importante agregar un ingrediente más a las prácticas alimentarias, el amor, el cual, en esta etapa se entrega a través de la dulce aceptación de los hijos como regalos, como dones, como elecciones que se hacen de vida. El amor puede comunicarse a través de las caricias, de las palabras, pero de forma muy importante a través del autocuidado.
Luego de la gestación, el primer y único alimento que debe recibir un bebé es la leche materna y ésta requiere un acompañamiento especial que consiste en tener claro la transformación que sufre; quienes acompañan a la madre y al bebé deben de posibilitar el empoderamiento, la cercanía y la intimidad tranquila de dos seres que inician un camino juntos.
Existen infinidad de estudios que certifican el aporte nutricional de la leche materna, la cual además, es considerada un líquido vivo, pues se adapta a las necesidades del bebé, ésta se transforma ante la enfermedad, el calor, la sed, el frio, cumpliendo un papel que va más allá de lo nutritivo. La lactancia materna es un acto de amor, de entrega, de generación de un vínculo; es un acto a través del cual el bebé recibe los beneficios de la cercanía de su madre, se deleita con su aroma, se tranquiliza con los latidos de su corazón, regula su temperatura con el calor de su cuerpo, reconoce su mirada y el tono de su voz. Es por esta razón que ante una lactancia a libre demanda, como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), los bebés reclaman de forma constante estar pegados al seno de su madre y aprovechar cada mililitro de amor.
Luego de los seis meses se debe iniciar la alimentación complementaria, la cual consiste en ir introduciendo de forma lenta los diferentes grupos de alimentos que se consumen en el hogar, este es el momento ideal para introducir hábitos saludables, pero exigirá que los adultos cuidadores sean coherentes, entonces, si se desea que los hijos consuman verduras, estas deben ser incluidas en la alimentación familiar, pues la gran mayoría de los aprendizajes se realizaran a partir de la imitación.
Es también en esta etapa en la que el buen trato y el amor juegan un papel definitivo. Se debe tener en cuenta que las cantidades ofrecidas deben estar acorde con la edad, pues en ocasiones las metas de los padres o adultos cuidadores son mayores a la capacidad de consumo de los niños, generando que los encuentros de alimentación se conviertan en enfrentamientos titánicos donde sólo se busca un plato “limpio”.
El objetivo principal de la alimentación, que es nutrir, se desvanece en un contexto de agresión y violencia. Los momentos de alimentación deben ser espacios de disfrute y encuentro, en los que se puedan compartir conversaciones agradables, principalmente con los más pequeños, son oportunidades de recibir sus experiencias y emociones y transmitir valores y sentimientos, son oportunidades para promover la escucha y como familia fortalecer lazos.
Como adultos también se requiere hacer de la alimentación un acto lleno de disfrute y bienestar, esto se logra en la medida que hacemos elecciones saludables y permitimos que la alimentación sea una oportunidad para la nutrición. Nutrirse con amor en la adultez es respetar los espacios para la alimentación, evitando omitir comidas; es también buscar la mejor compañía, la mejor conversación, el recipiente adecuado, el mejor lugar posible que permita convertir ese espacio en un disfrute.
Nutrición con amor, a lo largo de la vida, es tener siempre presente que la alimentación más que un acto biológico y fisiológico es una oportunidad de estimular los sentidos, de experimentar la grandeza del cuerpo y su perfección, de compartir con aquellos que participan en la historia y principalmente de agradecer por la fortuna de recibir los alimentos y poder a través de ellos prolongar y llenar de bienestar la vida.








